El 1972 fue un año que quedaría grabado en la memoria de cada aficionado del Club Deportivo Mirandés. La temporada comenzó con expectativas moderadas, pero pronto se convirtió en un viaje lleno de emociones y logros. Bajo la dirección del entrenador José Ángel Iribar, los jugadores se unieron con un solo objetivo: alcanzar la gloria en el fútbol español.
La temporada se desarrolló con un estilo de juego vibrante y combativo. La defensa sólida y un mediocampo dinámico permitieron a Los Rojillos mantenerse en la parte alta de la tabla, mientras que los delanteros, liderados por el carismático goleador, lograron convertir cada oportunidad en un momento de celebración. La afición, conocida por su entrega incondicional, llenaba el Estadio Municipal de Anduva cada fin de semana, creando un ambiente electrizante que impulsaba al equipo hacia adelante.
El partido decisivo llegó en mayo, cuando el Mirandés se enfrentó a uno de sus rivales más duros. En un encuentro lleno de tensión, los Rojillos demostraron su carácter y determinación. Cada pase, cada entrada, cada grito de aliento desde la grada resonaba como un eco de esperanza y pasión. Al final del partido, el pitido del árbitro marcó el inicio de una nueva era para el club: el ascenso a la Segunda División estaba asegurado.
Este logro no solo fue un triunfo en el campo, sino que también simbolizó la llegada de un nuevo capítulo en la historia del Club Deportivo Mirandés. Desde entonces, el equipo ha continuado luchando por mantener su posición en el fútbol español, pero el ascenso de 1972 siempre será recordado como el momento que encendió la llama en los corazones de sus seguidores. Los Rojillos, con su inquebrantable espíritu, han sabido cultivar una cultura de lucha y unión que perdura hasta nuestros días.
El legado de esa temporada de 1972 no se limita únicamente a los trofeos, sino que se traduce en la pasión de cada aficionado que se ha unido a la familia del Mirandés a lo largo de los años. El Estadio Municipal de Anduva, cuna de la historia del club, sigue siendo testigo de las hazañas de un equipo que, aunque ha enfrentado desafíos, nunca ha dejado de soñar. Así, el primer ascenso de Los Rojillos continúa siendo un faro de esperanza y una fuente de inspiración para las futuras generaciones de futbolistas y aficionados por igual.
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