La temporada 1986 es recordada como una de las más significativas en la historia del Club Deportivo Mirandés. Tras un ascenso exitoso en 1982, los Rojillos se encontraron en la Segunda División, un escenario más competitivo que requería tanto talento como resiliencia. Esa temporada, el equipo no solo se esforzó por mantener su estatus en la categoría, sino que también sorprendió al mundo del fútbol español con un rendimiento excepcional que les permitió terminar en una destacada posición en la tabla.

Bajo la dirección del entrenador de aquel entonces, el equipo mostró una combinación de jóvenes talentos y jugadores experimentados que lograron forjar una química única en el campo. Nombres como el delantero estrella, que se convirtió en el máximo goleador del equipo, y un mediocampista incisivo que hacía maravillas en el centro del campo, se convirtieron en íconos de esa época. La afición, conocida por su lealtad inquebrantable, llenaba el Estadio Municipal de Anduva cada fin de semana, creando un ambiente de euforia que impulsaba a los jugadores a dar lo mejor de sí.

Uno de los momentos más memorables de esa temporada se produjo durante un enfrentamiento crucial contra el CD Tenerife. Los Rojillos, que habían demostrado ser un rival difícil en casa, lograron una victoria impresionante que les permitió distanciarse de la zona de descenso. La celebración posterior al partido es un recuerdo que aún perdura en la memoria de los aficionados. Los cánticos y las banderas ondeando en el aire eran una muestra palpable del orgullo y la pasión que los seguidores sentían por su equipo.

La temporada 1986 también fue importante por el desarrollo de la cantera del club, que empezó a nutrir a la primera plantilla con jugadores prometedores. Este enfoque en el talento local no solo fortaleció al equipo, sino que también sentó las bases para futuras generaciones de futbolistas que seguirían vistiendo la camiseta de los Rojillos. La filosofía del club hacia su academia se consolidó como un pilar fundamental en su identidad, y muchos de esos jóvenes talentos han dejado su huella en la historia del club.

Finalmente, aunque el equipo no logró el ascenso a la Primera División en esa temporada, la experiencia adquirida fue invaluable. La temporada 1986 no solo solidificó a los Rojillos en la Segunda División, sino que también demostró que el Club Deportivo Mirandés era un contendiente serio en el fútbol español. La destacada actuación de los jugadores, el apoyo incondicional de la afición y la visión a largo plazo del club se unieron para crear una temporada memorable que perdura en la memoria colectiva de todos los que aman al Mirandés. Cada año, al recordar esta época dorada, los aficionados de Los Rojillos se llenan de nostalgia y esperanza por lo que el futuro puede deparar.