En la temporada 1981-1982, el Club Deportivo Mirandés, conocido cariñosamente como Los Rojillos, se encontraba en la Tercera División, luchando por hacerse un nombre en el fútbol español. A lo largo de la temporada, el equipo mostró un juego impresionante y una determinación inquebrantable que resonó con sus fervientes seguidores. Bajo la dirección del entrenador, el club se convirtió en un verdadero contendiente, acumulando victorias y atrayendo la atención de los medios locales.

Uno de los momentos más destacados de esa temporada fue el partido decisivo contra el CD Alcoyano en el Estadio Municipal de Anduva, donde Los Rojillos se enfrentaron a un rival fuerte y experimentado. Con un estadio lleno de aficionados que animaban incansablemente, el ambiente era eléctrico. La pasión de la afición se sentía en cada rincón del campo, transformando Anduva en un verdadero fortín para el equipo.

El juego fue una batalla táctica, con ambos equipos luchando por el control del balón. Sin embargo, la calidad del plantel de Mirandés brilló cuando un gol decisivo en la segunda mitad selló su destino y aseguró el ascenso a la Segunda División. Ese momento fue más que solo un gol; fue la culminación de años de esfuerzo y dedicación, no solo de los jugadores y el cuerpo técnico, sino también de los aficionados que nunca dejaron de creer.

La victoria no solo significó un ascenso en la clasificación, sino que también representó la consolidación del club en el corazón de la ciudad. Los Rojillos se convirtieron en un símbolo de orgullo local, y la celebración que siguió fue histórica, con la ciudad de Miranda de Ebro en fiestas. Las calles se llenaron de alegría, y los aficionados se unieron en una fiesta que duró días, celebrando el logro de un sueño colectivo.

Este ascenso en 1982 sentó las bases para el futuro del Club Deportivo Mirandés, que continuó creciendo y evolucionando en los años siguientes. La temporada no solo quedó grabada en la historia del club, sino que también se convirtió en una fuente de inspiración para las futuras generaciones de jugadores y aficionados. Hoy, cuando Los Rojillos saltan al campo, la memoria de aquella temporada sigue viva, recordando a todos la importancia de la unidad y la pasión en el mundo del fútbol.